Hay algo profundamente humano en la comida casera. No solo porque llena el estómago —eso lo hacen también las máquinas expendedoras, aunque con menos poesía—, sino porque nos recuerda que venimos de algún lugar. De un fogón encendido. De una…
Hay algo profundamente humano en la comida casera. No solo porque llena el estómago —eso lo hacen también las máquinas expendedoras, aunque con menos poesía—, sino porque nos recuerda que venimos de algún lugar. De un fogón encendido. De una…